Salmo 91:1

EL que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.

Salmo 91:2

Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré.

Salmo 91:4

Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga es su verdad.

Salmo 91:11

Pues que á sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.

Salmo 91:14

Por cuanto en mí ha puesto su voluntad, yo también lo libraré: pondrélo en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

Salmo 91:15

Me invocará, y yo le responderé: con él estaré yo en la angustia: lo libraré, y le glorificaré.

Un poema situado junto a la oración de Moisés

El Salmo 91 se encuentra inmediatamente después del Salmo 90, la oración atribuida a Moisés que medita sobre la fragilidad humana y confiesa que el Señor ha sido nuestro refugio de generación en generación. Como el Salmo 91 carece de título propio en el texto hebreo, los antiguos lectores solían leer ambos poemas juntos: si el Salmo 90 proclama que Dios es morada segura, el Salmo 91 entra en esa morada y explora qué significa habitar bajo la sombra del Omnipotente en tiempos de temor.

Tres voces a lo largo del salmo

La confesión personal de refugio (Salmo 91:1–2)

Los dos primeros versículos abren un diálogo. Primero se formula una afirmación general sobre quien habita al abrigo del Altísimo y mora bajo la sombra del Omnipotente. Enseguida, en el versículo 2, la voz pasa a la primera persona —«Diré yo a Jehová»—, transformando una verdad general en una confesión personal de confianza. En apenas dos versículos aparecen cuatro nombres y títulos divinos (Altísimo, Omnipotente, Jehová, Dios mío), apoyando la serenidad del orante en el carácter de Dios.

Bajo sus alas y el encargo a los ángeles (Salmo 91:4, 11)

En la sección central (versículos 3–13), una voz sacerdotal o sapiencial se dirige directamente al creyente en segunda persona. Destacan dos imágenes complementarias. El versículo 4 une la ternura de un ave que cubre a sus polluelos con sus plumas y la firmeza de un escudo y adarga: la verdad de Dios abriga y defiende a la vez. Más adelante, el versículo 11 habla del encargo dado a los ángeles para guardar al caminante en todos sus caminos, pasaje citado en los Evangelios durante la tentación en el desierto, donde Jesús muestra que la confianza auténtica camina en obediencia sin poner a prueba a Dios.

Cuando Dios mismo toma la palabra al final (Salmo 91:14–15)

En los tres últimos versículos, la voz cambia una vez más: ahora es Dios mismo quien habla en primera persona acerca de quien ha puesto en Él su amor. Conviene notar el realismo del versículo 15. Tras todas las imágenes poéticas de lazos, pestilencia y saetas, Dios no afirma que el creyente jamás conocerá la tribulación; promete que, cuando lo invoque, le responderá y estará con él en la angustia. El refugio definitivo del Salmo 91 es la compañía de Dios dentro de la prueba.

Preguntas para llevar a tu lectura

Al leer el Salmo 91 completo, detente en estas preguntas:

  • ¿Qué cambia interiormente al pasar del versículo 1 (saber que Dios es refugio en general) al versículo 2 (decir en primera persona «Él es mi esperanza y mi castillo»)?
  • ¿Cómo ayuda el versículo 15 —la promesa de que Dios estará con nosotros en la angustia— a leer el resto del salmo con honestidad cuando llegan días difíciles?
  • ¿Por qué es valioso mantener unidas las dos imágenes del versículo 4: el abrigo de las plumas y la firmeza del escudo?

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Preguntas frecuentes

01¿Quién escribió el Salmo 91?

En el texto hebreo, el Salmo 91 no lleva título de autor. La tradición judía suele vincularlo con Moisés, mencionado en el encabezamiento del Salmo 90 inmediatamente anterior, mientras que la Septuaginta griega lo relaciona con David.

02¿Por qué cambia el Salmo 91 entre «él», «yo» y «tú»?

El salmo está construido como una liturgia dialogada: el versículo 1 enuncia una verdad en tercera persona, el versículo 2 responde en primera persona («Diré yo a Jehová»), los versículos 3–13 hablan al creyente como «tú» y los versículos 14–16 recogen la voz de Dios mismo.

03¿Cómo se cita el Salmo 91 en el Nuevo Testamento?

En Mateo 4 y Lucas 4, durante la tentación en el desierto, el tentador cita el Salmo 91:11–12 para incitar a Jesús a arrojarse desde el pináculo del templo. Jesús rechaza usar la promesa de cuidado como una prueba temeraria ante Dios.

Fuentes

  1. Salmo 91 (Reina-Valera 1909)