Mateo 18:21

Entonces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete?

Mateo 18:22

Jesús le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete.

Efesios 4:31

Toda amargura, y enojo, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia:

Efesios 4:32

Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.

Colosenses 3:13

Sufriéndoos los unos á los otros, y perdonándoos los unos á los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

Romanos 12:19

No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar á la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.

Por qué el perdón es tan difícil y tan necesario

Pocas enseñanzas de las Escrituras resultan tan exigentes como el llamado a perdonar cuando una herida es profunda e injusta. Cuando alguien traiciona nuestra confianza o causa un daño real, nuestro sentido interior de justicia reclama que se equilibre la balanza. Sin embargo, cuando ese reclamo se convierte en amargura prolongada, termina desgastando por dentro a quien la carga.

A lo largo del Nuevo Testamento, el perdón nunca se presenta como una frase superficial ni como indiferencia moral. Los autores bíblicos emplean imágenes muy concretas: condonar una deuda, soltar una carga pesada o ceder el asiento de juez para que sea Dios quien juzgue con rectitud.

La enseñanza de Jesús sobre los límites del perdón

En Mateo 18:21–22, Pedro se acercó a Jesús con una pregunta que parecía muy generosa. Mientras algunos maestros de la época sugerían perdonar hasta tres veces, Pedro propuso llegar hasta siete.

Dejar de llevar una contabilidad del agravio

Jesús le respondió hablando de «setenta veces siete». Quienes conocían el Antiguo Testamento podían reconocer el contraste con Génesis 4:24, donde Lamec presumía de una venganza setenta veces siete mayor. Jesús invierte la antigua espiral humana del desquite: en el reino de Dios, la misericordia no lleva un registro contable para cobrar después.

La parábola de los dos deudores

Justo después de responder a Pedro, Jesús relató la historia de un siervo a quien su rey perdonó una deuda impagable, pero que al salir se negó a perdonar una suma mínima a un compañero. La enseñanza es clara: no perdonamos porque la ofensa sea pequeña, sino porque nosotros mismos vivimos de la inmensa misericordia de Dios, tal como recordamos al rezar el Padre Nuestro.

Cómo explica Pablo la práctica del perdón

En sus cartas a las primeras comunidades cristianas, el apóstol Pablo aterriza el perdón en la convivencia diaria.

Abandonar la amargura y la malicia (Efesios 4:31–32)

Pablo describe con gran realismo cómo el rencor guardado se transforma en enojo, gritería y maledicencia. Frente a esa cadena, Efesios 4:32 y Colosenses 3:13 proponen la benignidad y el perdón mutuo apoyados en un hecho concreto: mirar cómo Dios nos perdonó en Cristo, algo estrechamente unido a comprender qué es el arrepentimiento según la Biblia.

Dejar la justicia en manos de Dios (Romanos 12:19)

Uno de los mayores temores al perdonar es pensar que, si soltamos el enojo, la injusticia quedará impune. En Romanos 12:19, Pablo responde directamente a esa inquietud: no vengarse uno mismo no significa aprobar el mal, sino dejar lugar al juicio justo de Dios. Perdonar es trasladar el caso de nuestro tribunal personal a las manos del Juez supremo.

Diferencia entre perdón y reconciliación inmediata

También es importante distinguir entre perdonar y restablecer de inmediato la misma relación de antes. El perdón ocurre en el corazón delante de Dios cuando renunciamos al deseo de dañar al otro. La reconciliación plena y la confianza mutua, en cambio, requieren verdad, cambio de conducta y condiciones seguras.

Pasos prácticos para la vida diaria

  • Nombra el dolor con honestidad ante Dios: No minimices lo ocurrido. Siguiendo la práctica de cómo orar según la Biblia, expresa delante de Dios qué fue lo que te hirió.
  • Toma la decisión consciente de soltar la revancha: Entrega en oración el nombre de la persona que te ofendió, renunciando a cobrar la deuda por tu cuenta.
  • Mantén límites sabios y seguros: Si existe peligro o maltrato continuo, busca ayuda pastoral, profesional o legal; perdonar el rencor jamás implica permitir que continúe el daño.
  • Renueva la entrega cuando vuelvan los recuerdos: Cuando el resentimiento reaparezca en tu mente, recuerda con calma que ya pusiste esa causa en las manos de Dios.

Preguntas frecuentes

01¿Perdonar significa hacer como si nunca hubiera pasado nada?

No. El perdón bíblico reconoce que hubo una ofensa real; si no hubiera daño, no habría nada que perdonar. Perdonar implica soltar el rencor y el deseo de revancha, lo cual es compatible con establecer límites sanos y buscar justicia legítima.

02¿Qué quiso decir Jesús con perdonar hasta setenta veces siete en Mateo 18:22?

Jesús no estaba fijando una cifra matemática de 490 veces antes de permitir el desquite. Al invertir el antiguo canto de venganza de Lamec en Génesis 4, enseñó que el corazón transformado por Dios deja de llevar la cuenta de los agravios.

03¿Cómo puedo perdonar cuando el recuerdo del dolor vuelve una y otra vez?

El perdón comienza como una decisión consciente de la voluntad antes de que las emociones sanen por completo. Cada vez que regrese el resentimiento, volver a entregar esa deuda a Dios en oración debilita poco a poco el peso de la amargura.

Fuentes

  1. Mateo 18 (Reina-Valera 1909)
  2. Efesios 4 (Reina-Valera 1909)
  3. Colosenses 3 (Reina-Valera 1909)
  4. Romanos 12 (Reina-Valera 1909)